lunes, 5 de marzo de 2012
Lluvia
La ducha cibernética
domingo, 26 de febrero de 2012
Estar aburrido no es aburrido.
Discutir
miércoles, 11 de enero de 2012
miércoles, 12 de octubre de 2011
viernes, 2 de julio de 2010
Sobre taxistas hay algo escrito
Descubrí que hay diferentes tipos de tacheros (no despectivo eh!), seguramente todos los notaron, pero es una cosa que me intriga. Digo, pertenecen todos al mismo gremio y hacen el mismo laburo, pero cada uno le pone su toque personal, su estilo. Lo más increíble es cuando podes ver la combinación discurso, ruidos, ropa, peinado, decoración interior del auto y hasta la forma de abordarte cuando subís al que será tu carruaje temporario. A ver, a ver...tenemos:
Taxista clásico: Te recibe con un saludo acorde al momento del día Buenos días, buenas tardes o buenas noches. Le decís la dirección y ya se hace el croquis mental de por donde va a agarrar, no pregunta calles, no es dubitativo a la hora de doblar ni se fija la dirección para la que van los coches. Es conocedor de otros barrios además de Palermo, Caballito y el Centro. Habla lo suficiente, lo justo y sabe que si uno se pone monosilábico es porque la conversación muere ahí. Nunca, pero nunca pregunta si vas a laburar, si vas a tu casa o si te gusta la pastafrola. Si hablás un poco de más con ellos, siempre son temas que no tocan lo personal en profundidad, no sacan conjeturas antes de que vos digas algo para no meter la pata y tratan de no hacer chistes porque saben que son propensos a cagarla. Es pecado si le falta la nafta y cobra lo que realmente el viaje merece y no te pasea por la ciudad. Además, el cambio es sagrado y no intenta quitarte las monedas. Por suerte, no usan decorados letales para la vista ni luces de neón, su ropa siempre es de taxista clásico, su auto huele a pino o algún aromatizante. Está todo en condiciones ya que él es el dueño del auto y lo cuida como si fuera Herbie. Saben las leyes de la calle porque cuando los parás, te son fieles y no dejan subir a otro que le hace señas después.
Taxista cuasi-moderno: Te recibe con música punchi y te pregunta tres veces la dirección porque no te escuchó. Lográs decirle la dirección y se pone a pensar qué calles tomar, vos pensás: sabe que David Guetta sacó un tema nuevo pero no sabe donde queda la 9 de Julio. Su carta de presentación consiste en pelo paradito con gel, reflejos o un corte raro que no le queda, remeras de Creamfields o con estampados llamativos del eleven. El auto se decora con las luces de neón, que no te dejan ver bien en la oscuridad, tanto por fuera como por dentro. Cuando el coche anda de noche, esas luces violetas sobre el asfalto lo hacen ver como una nave espacial. Los lentes de sol que los usa hasta de noche sirven para hacer un intento de pibe fiestero. Se maneja como si estuviera solo y cree que la música lo habilita a poner cara de pija. Utiliza en exceso el espejito retrovisor para mirarse y auto-tirarse facha per cuando abre la boca es un hombre de neandertal.
Taxista metido: No sabe a donde te lleva ni cuanto va a tardar pero está empecinado en saber todo de tu vida. Quiere que la conversación llegue a un nivel impensado en el que le reveles secretos o lo ayudes a él a llevar sus problemas. Te hace parte de su familia y ya en un viaje de 15 minutos te transformaste en el sobrino preferido, y pretende seguir en contacto. Toca temas que rompen tabúes y hasta pueden llegar a ofenderse si tus contestaciones no ayudan a su misión de conseguir información confidencial. Seguramente se ponga verborragico si acabó de tener algún temita con la esposa o con el hijo que no le va bien en el colegio. Espera atento a un consejo tuyo y hace que tus palabras te vuelvan un verdadero esclavo, te embrolla en un laberinto de quilombos y después terminás discutiendo y pagando 40 mangos por ir hasta la esquina. ¡Claro! Entre tanta charleta, te conociste todos los barrios porteños. Suelen ser muy inseguros y lo que vos digas pasa a ser su discurso, como si lo hubieran dicho ellos. Piensan que hay una obligación de contarle las cosas y son recolectores de anécdotas de otros pasajeros, pensando que a vos te interesan.
Taxista callado: Podés llegar a creer por un momento que es el mejor pero el taxista callado siempre te da la impresión de que trama algo o que acabás de entrar en un operativo de secuestro extorsivo. Subís y decís la calle, y por la cara supones que todo bien, que sabe a dónde vamos. No habla, no escucha radio, no emite sonido y casi no respira. El movimiento de manos y pies es el único que te hace saber que está vivo y te quedás tranquilo, hasta ahí. Siempre lo mirás un poquito de reojo para tantear lo que está haciendo y si no se durmió o algo, nunca se sabe. Le garpas automáticamente porque mirás el reloj, ya que no te dice ni cuánto es. No se queja, es como un gauchito del transporte.
Taxista tumbero: Subís, decís la dirección y te das cuenta que el que no quiere que le hable es él. Clava acelerador y te lleva por las calles porteñas como si se tratara de una salidera bancaria. Pasa semáforos en rojo e intenta quedar en complicidad con vos, es como si vos estuvieras apurado en realidad. Su aspecto da miedo, suelen ser grandotes, tatuajes y pelo cortito. Son de pocas palabras y cuando te miran parece que te tuvieran entre ceja y ceja. El celular les suena, atienden, dicen un par de apodos, balbucean y cortan. Vos creés que hablan en código y que de repente, entrás en esas pelis de persecución donde él te da un arma diciéndote: “Vos tirale a los del lado derecho, yo les tiro a los del izquierdo” y vos preguntas, obviamente: “¿¡Y QUIÉN MANEJA!?”. Te cobran y tratan de regatearte unos centavos más, digo, te trajo muy rápido y te hizo vivir la aventura de tu vida.
Taxista de interés general: Ya desde que subís, es como si estuvieras en un programa de preguntas y respuestas, onda periodístico. Él te pide dirección y ahí empieza el programa. El taxista hace de conductor y da opiniones, a vos te trata como invitado. Pasás por el clima, la política, la seguridad, salud, internacionales, farándula y llegás a tu destino. Aunque suelen ser muy entradores y simpáticos, terminan cayendo pesado (sobretodo cuando vos te tomaste el taxi porque estás llegando tarde a algún lado). Suelen ofrecer caramelos y tener una pila de diarios en el asiento del acompañante, sin contar todos los chiches que va a tener colgando por ahí.
Claro está que esto es una exageración de los diferentes tipos de taxistas, me quedan un par por describir y seguramente más de una vez vieron tipos de taxistas combinados (armas mortales al volante). ¿Y tus taxistas, cómo son?
martes, 23 de febrero de 2010
Cliché
- La mala (nena caprichosa y creída) es la adoptada, la buena (siempre resulta ser la "mucamita") es la hija legitima de la familia rica con doble apellido y country;
- Viven en barrios que siempre están limpios y casas que no parecen tener uso ni juntar polvo
- Si pasa algo que vos estás esperando, báncate dos segundos y vas a ver que la escena empieza de nuevo (Sí, lo imaginó todo la/el protagonista y te hizo creer por dos segundos que no era como las otras novelas que la estiraaaan y la estiraaan);
- Cuando los recrean haciendo actividades la típica es el mecánico con dos manchitas de aceite en la cara, la panadera con un poco de harina en la nariz, el gimnasta secándose el “no-sudor” con una toalla o la mina lavando los platos con el pelo atado pero maquillada y con las uñas recién hechas (sin contar que lava un vaso durante todo el diálogo con el otro personaje);
- La fea se hace linda;
- Intentan parecer profesionales inventando tonadas o palabras nuevas a los personajes y terminan pareciendo totalmente pelotudos, sacados de un programa de humor como Segundo en Valiente’;
- - Si tu novela va a tener un nombre, siempre está copado que sean adjetivos que definan totalmente a los personajes “Culpables”, “Valientes”, “Campeones”, “Gasoleros”, “Pensionados”, “Vulnerables” o que posean el verbo “ser”: “Son amores”, “Sos mi vida” o “Son de fierro”;
- El más tranquilo e inocente suele ser el más loco de todos al final de la novela;
- La protagonista a veces se pasa de buena (pareciendo boluda ya), que para no hacerla quedar mal a la que realmente es mala no dice nada, onda Floricienta con Delfina;
- Los reencuentros entre los protagonistas tienen una cortina musical especial que suele ser la de la apertura de la novela o en su defecto siempre es la misma canción;
- Los muertos importantes, las malas noticias, los casamientos, los nacimientos y los grandes reencuentros siempre quedan para el capitulo siguiente (o sea, te comes un día sin saber que mierda pasó);
- Cuando la novela se pone mala recurren a fantasmas o cosas paranormales, aliens, revivir personajes, algún tema de actualidad (te meten la guerra con Irak con tal de que lo veas), poderes mágicos o que todo fue un sueño/presagio;
- La muerte de un personaje siempre trae a uno nuevo que le da un "giro a la historia";
- En el elenco está la parejita destinada a estar junta, la actual pareja de la protagonista, la amiga de la familia que quiere tener al protagonista para casarse y heredar la plata de la familia, los amigos de ambos que intentan ayudar cuando se arma quilombo, una mascota, un nene o nena que hace los rellenos con boludeces y los empleados del personal que hacen la parte humorística (clave del éxito)